lunes, 24 de diciembre de 2012

Live. Laugh. Love.

Yo era nueva en ese instituto. Me sentía extraña: en mi anterior instituto conocía a todo el mundo y con todos me llevaba bien, en cambio aquí estaba sola. Era tan raro en mí... Soy una persona súper sociable, pero aquí todo era distinto.. y odio la soledad. Todos ya tenían su grupito y yo era la única ''sin amigos'', lo que me provocó muchas horas de llanto y unas inmensas ganas de dejar el instituto, por lo que siempre solía fugarme de él.
Pero un día me paré a pensar en que la cobardía no era un hecho característico de mí y sin embargo estaba actuando como tal, como una cobarde; así que me armé de valor y decidí superar mis miedos.
Al día siguiente fui al instituto tratando de soportar las miradas y críticas de mis compañeros; supongo que les resultaría extraño eso de que viniese la primera semana y no apareciese más hasta casi un mes después. Tocaba física y química y teníamos que realizar un experimento en el laboratorio.. cómo no, en grupos de dos.. De nuevo me invadió una enorme tristeza y una soledad terrible.. Me dirigí a la mesa de la profesora para comunicárselo, a lo que ella me contestó:
- Ponte con Adolph, él tampoco tiene pareja.
¿Adolph? ¿Quién era ese? Busqué a alguna persona que estuviese sola y al fondo de la sala reconocí a un chico en silla de ruedas, casi escondido.. Me dirigí hacia él.
- ¡Hola! Creo que me ha tocado contigo.. Encantada, me llamo Lizzie.
- Hola Lizzie, soy Adolph.
Mientras hacíamos el trabajo me dio una inmensa pena, no quería ni imaginarme el estar en su estado y lo mal que él lo estaría pasando. Resultó ser un tipo divertido y totalmente normal; me divertí mucho ese rato con él y por un momento olvidé mi soledad. Terminó la clase y me pasé todas las demás pensando en cómo sería mi vida en esas circunstancias y por qué le habría pasado esto. Aunque seguía estando sola, no volví a faltar a clase. En los recreos contemplaba como todos se divertían y yo no tenía a nadie con quien hablar siquiera. Me dí cuenta de que no era la única: aquel chico, el de la silla de ruedas, también lo estaba, así que decidí hacer un poco de vida social...
- ¡Ey, Adolph! ¿Qué tal las clases hoy?
- ¡Hola Lizzie! Pues aburridas, como siempre..
Y nos pasamos hablando todo el recreo. Pero no sólo ese día, sino uno tras otro, sin hacerle caso a los comentarios que se oían por ahí de que ''la nueva estaba con el de la silla de ruedas'', y demás de ese tipo. Él solía hablarme de las cosas que le gustaban, y yo a él le contaba mis problemas; tenía una capacidad para escuchar a los demás increíble, algo que me parecía curioso, la mayoría de personas sólo vemos nuestros propios intereses o preocupaciones.. Era increíble: pese a su estado, nunca lo vi desanimado o triste, ni siquiera quejándose de algo. Él tampoco tenía amigos; la gente era demasiado superficial como para estar con él.
Un día de tantos, andaba contándole que mi vida me parecía inmensamente triste; me veía fea, ningún chico se fijaba en mí, no tenía amigos en el instituto, las clases iban fatal y para colmo tenía que ir caminando hasta casa. Ese día normal y corriente, mi vida cambió gracias a sus palabras..
- Lizzie, ¿te puedo pedir un favor?
- ¡Claro! Dime.
- Salta.
- ¿¿Qué?? Jajaja.
- ¡Salta, corre, baila!
- Adolph, no voy a saltar, a correr ni a bailar delante de todo el mundo, qué vergüenza..
- Y si no hubiera nadie, ¿lo harías?
- Claro, por qué no..
- Saltar, correr, bailar.. Es sencillo. Pues yo soy incapaz de hacerlo.
- ...Lo siento.
- No pasa nada, no es tu culpa.. ¿Sabes? Me duele mucho cuando la gente llama ''problema'' a cualquier cosa.. No eres fea, eres preciosa, pero no deberías necesitar a nadie que te lo dijese, sino creértelo tú misma. ¿No tienes amigos ni novio? Lizzie, me tienes a mí, y más vale tener un amigo de verdad que cien amigos falsos. Te va mal en el instituto porque no haces nada para que te vaya bien, y si tienes que ir caminando a tu casa, ¿por qué no disfrutas del paseo? Yo era como tú, Lizzie, no valoraba las pequeñas cosas que me ofrecía el mundo, hasta que tuve el accidente. Desde entonces le digo a todo el mundo que disfrute, que cualquier día puede ser el último y te arrepentirás de no haberlo aprovechado, que hay que quererse más, y sobretodo, hay que VIVIR.

domingo, 27 de mayo de 2012

Se pueden separar dos cuerpos, pero no dos corazones.

Estaba destrozada, no se lo podía creer... Su apoyo, la persona que más amaba, su vida, ¡su todo! Se tenía que ir de su lado, se tenía que ir para siempre... Y lo que más le dolía era que esto se tenía que acabar no porque alguno de los dos quisiese que se acabara, sino porque tenía que ser así... Toda la noche llorando... Se secó las lágrimas y se levantó de la cama, sería la última vez que vería al amor de su vida.
Se dispuso a prepararse: Quería estar lo más preciosa posible para él. Abrió el armario, pero no tenía ganas de nada. Cogió el primer vaquero y el primer sueter que vio y se lo puso. Habían decidido quedar en el mismo lugar donde tuvieron su primera cita, en ese lugar en el que surgió su primer beso, en el lugar donde un mes más tarde de aquella primera cita él la hizo suya, para siempre. Había pasado ya más de medio año desde entonces...
Llegó. Él aún no había llegado, y se sentó a esperar, recordando aquellos bellos momentos que habían vivido allí mismo. Varios minutos más tarde notó unas manos en su espalda, pero no se sobresaltó, reconocería ese tacto bajo cualquier circunstancia; sin duda alguna eran las manos que le habían protegido durante tanto tiempo...
- ¡Hola!
+ Hola...
- ¿Hoy no me dices que llego tarde como siempre, que nunca soy puntual y que siempre tienes que esperar por mí? - Y sonrió. -
+ ¿Enserio crees que tengo ánimos de decirte eso? Es la última vez que estaremos juntos, el último recuerdo que tendré de ti, y no quiero estropearlo... Y me jode verte tan feliz mientras a mí me está matando la tristeza.
- Carlota, mírame.. Eres lo que más me importa, ¿Crees que estoy feliz? ¿Crees que disfruto viéndote mal por mi culpa, sabiendo que aquí acaba todo no porque queramos sino porque me tengo que ir? Sí, me duele, no sabes cuánto, pero eso no solucionará nada, todo lo contrario, hará que todo sea más difícil, por eso intento tomármelo lo mejor que puedo... Y tú deberías hacer lo mismo, pequeña.
+ Pf, enserio; eres magnífico. ¡No sé cómo lo haces, pero en cualquier situación sacas una sonrisa!
Y ahí estuvieron, hasta el anochecer, hablando, recordando momentos vividos juntos, promesas que ya no podrían cumplir, soltando lágrimas de amor y otras de tristeza...
+ Cariño, ¿Te acuerdas de nuestra primera vez? Fue aquí...
- ¿Cómo lo voy a olvidar? Estabas temblando, parecías una niña pequeña, ¡Jajaja! Y todo el rato me preguntabas:  ''¿Te gusta?''
Ambos rieron recordando esos momentos. Se miraron. Sin necesidad de decirse una sola palabra, sabían que estaban pensando lo mismo: Revivir aquel mágico día. Aquel lugar, su primera y última vez... Carlota puso en silencio el móvil y se desnudó, Carlos hizo lo mismo. Ella se tiró en el suelo, esta vez le daba igual ensuciarse. Él la agarró de la mano con fuerza, se miraron a los ojos... Y no se soltaron ni un solo momento. Ese día Carlota comprendió que había tenido sexo con varios chicos, pero sólo con uno había hecho el amor. Al terminar se sentaron juntos, aún dándose la mano.
+ Vas a olvidarme, conocerás a otra chica y te enamorarás. -No pudo evitar llorar.-
- Cariño, recuerda una cosa siempre: Se pueden separar dos cuerpos, pero no dos corazones... El mío siempre estará contigo.
Se quedaron un rato más juntos hasta que Carlota se dio cuenta de que era la 1:30 de la madrugada y tenía 18 llamadas perdidas de su madre. Se dieron un abrazo, el último, un abrazo que expresaba más que mil poemas de amor... Y se fueron.
Cuando Carlota se despertó al día siguiente se sintió extraña, le faltaba algo... Le faltaba él. Todo tenía que ver con Carlos: en la radio sonaba la canción que él le había dedicado, en la cama sentía todas aquellas noches de pasión a su lado, en la calle veía que a todos sitios a los que iba había estado alguna vez con él.. Decidió que la única manera de olvidarlo era empezar una nueva vida. Se cortó y tiñó el pelo, tiró todo lo que tenía que ver con él, se compró ropa, re-decoró su habitación... Pero en su piel todavía estaba Carlos. Sabía que eso no podría cambiarlo, así que decidió hacer la mayor locura de su vida.
Al día siguiente, mientras desayunaba con su madre...
+ Mamá, ¿¡A que no sabes lo que he hecho!?
- Sorpréndeme hija... Ya de ti me lo espero todo..
+ Vale, ¡Pero no te enfades, eh!
Carlota se subió la camiseta, mostrando un lado de su cintura. Había algo escrito... ¡Un tatuaje! En él ponía: ''Se pueden separar dos cuerpos, pero no dos corazones...C''