Pero un día me paré a pensar en que la cobardía no era un hecho característico de mí y sin embargo estaba actuando como tal, como una cobarde; así que me armé de valor y decidí superar mis miedos.
Al día siguiente fui al instituto tratando de soportar las miradas y críticas de mis compañeros; supongo que les resultaría extraño eso de que viniese la primera semana y no apareciese más hasta casi un mes después. Tocaba física y química y teníamos que realizar un experimento en el laboratorio.. cómo no, en grupos de dos.. De nuevo me invadió una enorme tristeza y una soledad terrible.. Me dirigí a la mesa de la profesora para comunicárselo, a lo que ella me contestó:
- Ponte con Adolph, él tampoco tiene pareja.
¿Adolph? ¿Quién era ese? Busqué a alguna persona que estuviese sola y al fondo de la sala reconocí a un chico en silla de ruedas, casi escondido.. Me dirigí hacia él.
- ¡Hola! Creo que me ha tocado contigo.. Encantada, me llamo Lizzie.- Hola Lizzie, soy Adolph.
Mientras hacíamos el trabajo me dio una inmensa pena, no quería ni imaginarme el estar en su estado y lo mal que él lo estaría pasando. Resultó ser un tipo divertido y totalmente normal; me divertí mucho ese rato con él y por un momento olvidé mi soledad. Terminó la clase y me pasé todas las demás pensando en cómo sería mi vida en esas circunstancias y por qué le habría pasado esto. Aunque seguía estando sola, no volví a faltar a clase. En los recreos contemplaba como todos se divertían y yo no tenía a nadie con quien hablar siquiera. Me dí cuenta de que no era la única: aquel chico, el de la silla de ruedas, también lo estaba, así que decidí hacer un poco de vida social...
- ¡Ey, Adolph! ¿Qué tal las clases hoy?
- ¡Hola Lizzie! Pues aburridas, como siempre..
Y nos pasamos hablando todo el recreo. Pero no sólo ese día, sino uno tras otro, sin hacerle caso a los comentarios que se oían por ahí de que ''la nueva estaba con el de la silla de ruedas'', y demás de ese tipo. Él solía hablarme de las cosas que le gustaban, y yo a él le contaba mis problemas; tenía una capacidad para escuchar a los demás increíble, algo que me parecía curioso, la mayoría de personas sólo vemos nuestros propios intereses o preocupaciones.. Era increíble: pese a su estado, nunca lo vi desanimado o triste, ni siquiera quejándose de algo. Él tampoco tenía amigos; la gente era demasiado superficial como para estar con él.
Un día de tantos, andaba contándole que mi vida me parecía inmensamente triste; me veía fea, ningún chico se fijaba en mí, no tenía amigos en el instituto, las clases iban fatal y para colmo tenía que ir caminando hasta casa. Ese día normal y corriente, mi vida cambió gracias a sus palabras..
- Lizzie, ¿te puedo pedir un favor?
- ¡Claro! Dime.
- Salta.
- ¿¿Qué?? Jajaja.
- ¡Salta, corre, baila!
- Adolph, no voy a saltar, a correr ni a bailar delante de todo el mundo, qué vergüenza..
- Y si no hubiera nadie, ¿lo harías?
- Claro, por qué no..
- Saltar, correr, bailar.. Es sencillo. Pues yo soy incapaz de hacerlo.
- ...Lo siento.
- No pasa nada, no es tu culpa.. ¿Sabes? Me duele mucho cuando la gente llama ''problema'' a cualquier cosa.. No eres fea, eres preciosa, pero no deberías necesitar a nadie que te lo dijese, sino creértelo tú misma. ¿No tienes amigos ni novio? Lizzie, me tienes a mí, y más vale tener un amigo de verdad que cien amigos falsos. Te va mal en el instituto porque no haces nada para que te vaya bien, y si tienes que ir caminando a tu casa, ¿por qué no disfrutas del paseo? Yo era como tú, Lizzie, no valoraba las pequeñas cosas que me ofrecía el mundo, hasta que tuve el accidente. Desde entonces le digo a todo el mundo que disfrute, que cualquier día puede ser el último y te arrepentirás de no haberlo aprovechado, que hay que quererse más, y sobretodo, hay que VIVIR.

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